
Situada al noroeste de las llanuras de Cania, esta magnífica y vasta ciudad fortificada es el orgullo de los honestos defensores de la paz y del bien.
Sus murallas y el coraje de sus habitantes jamás cedieron a los innumerables ataques de Brakmar.
Pero los tiempos cambian y con el cambio llegó la corrupción. Ciertos defensores de la justicia y del orden que eran los dirigentes de esta ciudad se alejaron progresivamente del código de conducta que juraron respetar.
En la actualidad, los habitantes de Bonta están divididos entre su búsqueda del bien, la defensa de los oprimidos y la sed de poder.
Como resultado las disensiones entre los dirigentes de Bonta comenzaron a ser evidentes. Algunos, cegados por su propio fanatismo, quisieron reclutar a la fuerza a los indecisos.
Todo esto contradecía la doctrina de los habitantes de Bonta, acostumbrados a defender a los oprimidos y a extender la santa palabra por el mundo.
Esta guerra interna provocó la división de los grupos armados de Bonta en distintas milicias rivales, que a veces se veían obligadas a unir sus fuerzas para resistir a los ataques de los habitantes de la ciudad enemiga: Brakmar.
No por eso Bonta ha dejado de ser una ciudad agradable para visitar. Sobre todo si se tiene la intención de unirse al régimen actual para reforzar las fuerzas armadas ya presentes en la ciudad.
Os propondrán una serie de misiones para iniciaros en los principios de la ideología bontariana y para que subáis de rango en sus tropas.
Una vez hayáis cumplido los requisitos, tendréis más tiempo para ¡descubrir todos los rincones de la ciudad!
Os percataréis de que está organizada en distintos barrios, uno por cada oficio.
No obstante, podríais perderos, así que no dudéis en preguntarle qué camino debéis seguir al primer miliciano o transeúnte que veáis.
Si os unís a la causa de los habitantes de Bonta, esta ciudad aparentemente tranquila será el punto de partida de numerosas aventuras palpitantes. Y no olvidéis que si bien es cierto que encontraréis a los mayores justicieros y defensores de los oprimidos, también os cruzaréis con más de un fanático, cegado por su sed y búsqueda de poder.
Sus murallas y el coraje de sus habitantes jamás cedieron a los innumerables ataques de Brakmar.
Pero los tiempos cambian y con el cambio llegó la corrupción. Ciertos defensores de la justicia y del orden que eran los dirigentes de esta ciudad se alejaron progresivamente del código de conducta que juraron respetar.
En la actualidad, los habitantes de Bonta están divididos entre su búsqueda del bien, la defensa de los oprimidos y la sed de poder.
Como resultado las disensiones entre los dirigentes de Bonta comenzaron a ser evidentes. Algunos, cegados por su propio fanatismo, quisieron reclutar a la fuerza a los indecisos.
Todo esto contradecía la doctrina de los habitantes de Bonta, acostumbrados a defender a los oprimidos y a extender la santa palabra por el mundo.
Esta guerra interna provocó la división de los grupos armados de Bonta en distintas milicias rivales, que a veces se veían obligadas a unir sus fuerzas para resistir a los ataques de los habitantes de la ciudad enemiga: Brakmar.
No por eso Bonta ha dejado de ser una ciudad agradable para visitar. Sobre todo si se tiene la intención de unirse al régimen actual para reforzar las fuerzas armadas ya presentes en la ciudad.
Os propondrán una serie de misiones para iniciaros en los principios de la ideología bontariana y para que subáis de rango en sus tropas.
Una vez hayáis cumplido los requisitos, tendréis más tiempo para ¡descubrir todos los rincones de la ciudad!
Os percataréis de que está organizada en distintos barrios, uno por cada oficio.
No obstante, podríais perderos, así que no dudéis en preguntarle qué camino debéis seguir al primer miliciano o transeúnte que veáis.
Si os unís a la causa de los habitantes de Bonta, esta ciudad aparentemente tranquila será el punto de partida de numerosas aventuras palpitantes. Y no olvidéis que si bien es cierto que encontraréis a los mayores justicieros y defensores de los oprimidos, también os cruzaréis con más de un fanático, cegado por su sed y búsqueda de poder.
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